jueves, 28 de octubre de 2010

Kirchner: el adiós de Mempo Giardinelli


Kirchner: el adiós de Mempo Giardinelli
elcastellano.org 27.10.2010
Fotografía Diario El Mañana , Nuevo Laredo, México, 28.10.2010

Escribo esto en caliente, en la misma mañana de la muerte anunciada de Néstor Kirchner, y ojalá me equivoque. Pero siento dolor y miedo, y necesito expresarlo.

Pienso que estos días van a ser feísimos, con un carnaval de hipocresía en el Congreso, ya van a ver. Los muertos políticos van a estar ahí con sus jetas impertérritas. Los resucitados de gobiernos anteriores. Los lameculos profesionales que ahora se dicen «disidentes». Los frívolos y los garcas que a diario dibujan Rudi y Dany. Todos ellos y ellas. Caras de plástico, de hierro fundido, de caca endurecida. Aplaudidos secretamente por los que ya están emitiendo mailes de alegría feroz.

Los veremos en la tele, los veo ya en este mediodía soleado que aquí en el Chaco, al menos, resplandece como para una mejor causa.

Nunca fui kirchnerista. Nunca vi a Néstor en persona, jamás estuve en un mismo lugar con él. Ni siquiera lo voté en 2003. Y se lo dije la única vez que me llamó por teléfono para pedirme que aceptara ser embajador argentino en Cuba.

Siempre dije y escribí que no me gustaba su estilo medio cachafaz, esa informalidad provocadora que lo caracterizaba. Su manera tan peronista de hacer política juntando agua clara y aceite usado y viscoso.

Pero lo fui respetando a medida que, con un poder que no tenía, tomaba velozmente medidas que la Argentina necesitaba y casi todos veníamos pidiendo a gritos. Y que enumero ahora, porque en el futuro inmediato me parece que tendremos que subrayar estos recuentos para marcar diferencias.

Fue él, o su gobierno, y ahora el de Cristina:



El que cambió la política pública de Derechos Humanos en la Argentina. Nada menos. Ahora algunos dicen que estar «hartos» del asunto, como otros criticaron siempre que era una política más declarativa que otra cosa. Pero Néstor lo hizo: lo empezó y fue consecuente. Y así se ganó el respeto de millones.

—El que cambió la Corte Suprema de Justicia, y no importa si después la Corte no ha sabido cambiar a la justicia argentina.

—El que abrió los archivos de los servicios secretos y con ello reorientó el juicio por los atentados sufridos por la comunidad judía en los '90.

—El que recuperó el control público del Correo, de Aguas, de Aerolíneas.

—El que impulsó y logró la nulidad de las leyes que impedían conocer la verdad y castigar a los culpables del genocidio.

—El que cambió nuestra política exterior terminando con las claudicantes relaciones carnales y otras payasadas.

—El que dispuso una consecuente y progresista política educativa como no tuvimos por décadas, y el que cambió la infame Ley Federal de Educación menemista por la actual, que es democrática e inclusiva.

—El que empezó a cambiar la política hacia los maestros y los jubilados, que por muchos años fueron los dos sectores salarialmente más atrasados del país.

—El que cambió radicalmente la política de Defensa, de manera que ahora este país empieza a tener unas Fuerzas Armadas diferentes, democráticas y sometidas al poder político por primera vez en su historia.

—El que inició una gestión plural en la Cultura, que ahora abarca todo el país y no sólo la Ciudad de Buenos Aires.

—El que comenzó la primera reforma fiscal en décadas, a la que todavía le falta mucho pero hoy permite recaudaciones récord.

—El que renegoció la deuda externa y terminó con la estúpida dictadura del FMI. Y por primera vez maneja el Banco Central con una política nacional y con record de divisas.

—El que liquidó el infame negocio de las AFJP y recuperó para el Estado la previsión social.

—El que con la nueva Ley de Medios empezó a limitar el poder absoluto de la dictadura periodística privada que todavía distorsiona la cabeza de millones de compatriotas.

—El que impulsó la Ley de matrimonio igualitario y mantiene una política antidiscriminatoria como jamás tuvimos.

—El que viene gestionando un crecimiento económico de los más altos del mundo, con recuperación industrial evidente, estabilidad de casi una década y disminución del desempleo. Y va por más, porque se acerca la nueva legislación de entidades bancarias, que terminará un día de estos con las herencias de Martínez de Hoz y de Cavallo.

Néstor lo hizo. Junto a Cristina, que lo sigue haciendo. Con innumerables errores, desde ya. Con metidas de pata, corruptelas y turbiedades varias y algunas muy irritantes, funcionarios impresentables, cierta belicosidad inútil y lo que se quiera reprocharles, todo eso que a muchos como yo nos dificulta declararnos kirchneristas, o nos lo impide.

Pero sólo los miserables olvidan que la corrupción en la Argentina es connatural desde que la reinventaron los mil veces malditos dictadores y el riojano ídem.

De manera que sin justificarle ni un centavo mal habido a nadie, en esta hora hay que recordarle a la nación toda que nadie, pero nadie, y ningún presidente desde por lo menos Juan Perón entre el 46 y el 55, produjo tantos y tan profundos cambios positivos en y para la vida nacional.

A ver si alguien puede decir lo contrario.

De manera que menudos méritos los de este flaco bizco, desfachatado, contradictorio y de caminar ladeado, como el de los pingüinos.

Sí, escribo esto adolorido y con miedo, en esta jodida mañana de sol, y desolado también, como millones de argentinos, un poco por este hombre que Estela de Carlotto acaba de definir como «indispensable» y otro poco por nosotros, por nuestro amado y pobrecito país.

Y redoblo mi ruego de que Cristina se cuide, y la cuidemos. Se nos viene encima un año tremendo, con las jaurías sedientas y capaces de cualquier cosa por recuperar el miserable poder que tuvieron y perdieron gracias a quienes ellos llamaron despreciativamente «Los K» y nosotros, los argentinos de a pie, los ciudadanos y ciudadanas que no comemos masitas envenenadas por la prensa y la tele del sistema mediático privado, probablemente y en adelante los recordaremos como «Néstor y Cristina, los que cambiaron la Argentina».

Descanse en paz, Néstor Kirchner, con todos sus errores, defectos y miserias si las tuvo, pero sobre todo con sus enormes aciertos. Y aguante Cristina. Que no está sola.

Y los demás, nosotros, a apechugar. ¿O acaso hemos hecho otra cosa en nuestras vidas y en este país?

sábado, 23 de octubre de 2010

Tercer Concurso de Video Escolar



Estimados y estimadas estudiantes de Pedagogía en Castellano y Comunicación, los invito a participar en este interesante concurso. Contacto:

http://www.educarchile.cl/Portal.Base/Web/VerContenido.aspx?ID=197952

Sergio Hernández (5)


















El Universo de la Luz llega para iluminar Chillán


Apoyada por el programa EXPLORA CONICYT, la exposición es una invitación para descubrir que la luz está en todas partes: al grabar un CD, al enviar o usar el teléfono, al usar un lente. Ella es pura información.

Todo lo que vemos es luz, estamos bañados, rodeados de ella: Imágenes, colores, figuras, oscuridad, son todos fenómenos y juegos de la luz, y a través de ella podemos crear una imagen de nuestro entorno.

La importancia de la luz en nuestra vida diaria, en desarrollos tecnológicos como los lentes, o en ciencias como la astronomía es lo que busca destacar la exposición interactiva El Universo de la Luz, que llega a Chillán este 22 de octubre.

A través de módulos interactivos, quienes visiten la muestra, se sorprenderán al descubrir la importancia de la luz en nuestras actividades diarias, la importancia de su estudio y el aprovechamiento de ella para generar nuevas tecnologías que mejoren la calidad de vida de las personas.

El funcionamiento de los lentes, la formación de las imágenes en la retina del ojo, el reflejo, los colores, su viaje ondulatorio y su uso como fuente energética son algunos de de los aspectos que aborda la exposición que estará abierta hasta el 11 de noviembre.

La muestra fue creada por el Núcleo Científico Milenio Centro de Óptica e Información Cuántica, del Departamento de Física de la Universidad de Concepción y contó con el apoyo del programa EXPLORA CONICYT y la Iniciativa Científica Milenio. Además de la colaboración de la Escuela de Diseño del Instituto Profesional Duoc UC, de Concepción.

La exposición podrá ser visitada de lunes a viernes, de 09:00 a 14:00 horas y 15:00 a 18:00 horas, y los sábados y festivos de 10:00 a 18:00 horas, en el Estadio Municipal de Chillán Nelson Oyarzún Arenas, ubicado en Pedro Aguirre Cerda 297, Chillán. Para inscribirse e informarse hay que llamar a los fonos (42)203700 – 203700, o escribir al correo electrónico: daemchillan@gmail.com

miércoles, 20 de octubre de 2010

"La sonrisa" de Víctor Jara





El pasado lunes 18 de octubre de 2010 tuvo lugar en el Salón "Andrés Bello", del Centro de Extensión de la Universidad del Bío-Bío, Sede Chillán, la presentación del libro Víctor Jara, del autor Jorge Coulon Larrañaga, fundador del grupo musical Inti-Illimani y compañero de Víctor Jara en múltiples actividades culturales y musicales; particularmente en el grupo de teatro Teknos, de la ex Universidad Técnica del Estado.

En una grata exposición, el autor expuso los momentos relevantes de su relación con Víctor Jara, su vida y su obra. Resaltó especialmente su personalidad sencilla, creativa y alejada de toda vanidad artística. Destacó la sonrisa del poeta y músico, nacido en nuestra zona, como una huella universal de su legado. La presentación concluyó con un interesante diálogo con el público asistente.

En la fotografía, Jorge Sánchez Villarroel y Jorge Coulon Larrañaga.

Sergio Hernández (4)



A Sergio, la inmortalidad plena…
Por Hugo Quintana


Cuando un familiar nuestro parte de este mundo, cuando abandona este plano y enfila sus naves hacia lo que la tradición occidental o judeo-cristiana ha reconocido como “el cielo”, pues el vacío de su ausencia se llena con todos aquellos recuerdos que inundan la memoria de una esperanza tibia que no es otra cosa que el fruto del amor compartido, de la entrega, de las tareas cumplidas.

Cuando un poeta se marcha, pues quedan sus versos, sus trazos sobre páginas en blanco. Le sobrevive todo aquello que construyó a partir de fragmentos de aire que se sostienen en notas musicales y que los demás traducimos como palabras. Y más si se trata de un gran poeta.

No hace falta haber acumulado suculentos premios, ni estar en las vitrinas o escaparates de las grandes editoriales para alcanzar el escaño, el sitial de “grande” en la poesía chilena, y más todavía si el que ha partido, hubo de convertir su arte en una profunda actuación de honestidad, humildad y sabiduría. Si la calidad humana del interpretante se ha ventilado entre las líneas de sus propios textos, si el legado que se deja, son poderosas estelas en la mar de quienes vemos esto del ejercicio escriturario como una forma de cambiar el mundo –aunque solo se trate de nuestro microcosmos más íntimo-. Es algo definitivo.

Sergio Hernández Romero (1931 – 2010), ha levantado su vuelo hacia otros rumbos, otras esperanzas, otros afanes. Desde lo más profundo de nuestro corazón le deseamos un viaje lo más placentero posible. Que descanse en Paz, dice nuestra tradición y nos hacemos eco de estas palabras tan sencillas y tan valederas. Pero al mismo tiempo, con fuerza y decisión sostenemos, lo mejor de su empeño y su trabajo seguirá con nosotros, de este lado de las cosas.

El poeta de provincia, el profesor universitario, el maestro, el hombre que solía tomar su bicicleta en las blancas noches de verano para luego dar una vuelta entre sus queridas calles y dedicarle un giro poético a la Plaza de Armas Chillán, ha partido hacia el viaje definitivo y eterno. Atrás quedan miles de historias y anécdotas que dan cuenta de la grandeza de su espíritu, de su mano fraterna, de sus ingeniosas síntesis, de su humor inigualable, de su aguda mirada de la realidad nuestra de cada día.

No es difícil realizar una semblanza del gran sujeto que fue. Destacar al profesor dotado de una memoria privilegiada, que condimentaba sus clases de literatura universal con una gran serie de divertidas anécdotas, de manera de acercar a los grandes poetas y escritores hacia la superficie real del pupitre de sus alumnos. Al profesor capaz de golpear la mesa con energía toda vez que recordaba a sus amigos desaparecidos o muertos luego del Golpe del 73. Recordar al hombre de sonrisa afable que siempre mantuvo la puerta de su oficina abierta, mientras fuera un importante académico de la Universidad del Bío-Bío, cuyas aulas sin duda extrañarán sus pasos parsimoniosos con un maletín en la diestra. La oficina donde a punta de café y cigarrillos “advance” aprendimos a sentir y a palpitar la literatura como hecho verdadero e irrevocable.

Fue objeto de innumerables gestos de admiración y de cariño, de homenajes anónimos de gente real que hizo de su cotidianeidad un “locus amoenus”, espacio que regocijó su relegamiento, aquella suerte de autoexilio en la provincia, un silencio inefable e incomprensible para muchos, debido a la gran calidad de su celeste pluma. Algo que no le impidió, en todo caso, expresar en pocos libros de poesía (Cantos de pan, Registro, Últimas Señales y Adivinanzas), lo suficiente como para merecer la inmortalidad plena, de aquellos pocos que han logrado que sus versos desplieguen sus alas más allá del alcance de sus dedos, y de las pequeñas y pasajeras conveniencias. Más allá de los límites del tiempo, para alcanzar a otros, de corazón fulgurante.

No se quedan cortas las palabras, porque a través de él aprendimos a confiar en ellas, en sus texturas diminutas y delicadas. Por eso no hay traiciones en nuestros espíritus, no hay miserias posibles, no existen empobrecimientos ni crisis delirantes –como sucede con tantos otros hoy en día-, porque acuñamos una Fe honesta y decidida con que afrontar el acto de poetizar, la comprensión como un bastión de libertad amplia, como las puertas de las alamedas, que siempre debiesen permanecer abiertas a los amigables transeúntes. A los ávidos buscadores de esta trascendencia efímera que es la poesía.

Recordar al amigo y poeta fiel que hablaba de la importancia estilística en la construcción de un poema, de saber darle un término coherente a ese flujo de energía que era el poema en tanto realidad textual que buscaba ser un espejo, un acto simbólico y representativo de la cotidianeidad que vivimos y expurgamos. Evocar al poeta insigne que era agasajado por las lecturas poéticas de Felipe Manríquez acaso en la madrugada de algún domingo, a través de la ventana de su habitáculo en los departamentos Claudio Arrau. O de aquellas ocasiones en las que reclamaba porque alguno de sus eternos ayudantes honoríficos en la Cátedra de Literatura Universal, no le devolvía aquel libro que le había solicitado en préstamo hacía meses.

En su despedida en el Cementerio Municipal de Chillán, uno de los cercanos que hizo uso de la palabra para homenajearlo, dijo algo que me pareció muy certero, y es que Sergio Hernández tenía la virtud de avizorar el futuro entre sus versos. Los trazos de realidad que podía expresar eran tan hábiles que en ocasiones bien valía mejor hablar de profecía o de lucidez extrema. Nos dijo en el poema “Otros harán”:

Otros harán tambalear la noche
en los mesones
Otros despedirán los trenes
o los verán llegar
sigilosos
nostálgicos
y lentos.
Otras manos repartirán cariño
en las estaciones
Otros habitarán jubilosos
su soledad
bebiendo con los pobres
No dejarán mis ojos
otros ojos
que vean el mundo
por los míos
Yo apenas dejaré estas palabras
estos balbuceos
para que cuando ya no esté
alguno de los que tanto quise
levante la copa de la mañana
en mi recuerdo.


Fue miembro de la Academia Chilena de la Lengua –el primer chillanejo en recibir tal distinción-, integrante de la gloriosa generación del 50, en la que destacaron Jorge Teillier, Enrique Lihn, Efraín Barquero, Stella Díaz Varín (con quien le vi alguna vez conversando animadamente en una de las versiones del Chillán Poesía), Armando Uribe, Rolando Cárdenas, Pablo Guíñez, Ennio Moltedo, Jaime Valdivieso, Sergio Vodanovic, Luis Alberto Heiremans, José Donoso, Enrique Lafourcade, Claudio Giaconi, Guillermo Blanco, Jorge Edwards, Armando Cassígoli, María Elena Gertner, Alejandro Jodorowsky, Alfonso Calderón, entre tantos ilustres nombres.

Dedicó su vida a la formación de docentes desde las Cátedras de Literatura Española y Universal en los planteles de la Universidad de Chile sede Valdivia, sede Antofagasta y sede Chillán, y en la Universidad de Talca y Universidad del Bío-Bío, a través de largos 45 años de incansable e intransable labor. Fue precisamente en su velatorio que pude presenciar el desfile generacional de profesores a quienes marcó desde la entrega inquebrantable del ejercicio de enseñar.

Como poeta ganó innumerables premios literarios, pero principalmente pudo dejar una imborrable huella en amigos como Omar Lara –con quien le unió una infatigable amistad desde Valdivia a inicios de la década de los 60’s, en los albores de Trilce, la revista de poesía más importante de latinoamérica, y a quien pude saludar afectuosamente en su funeral-, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Oliver Welden -quien le conoció en Antofagasta-, o bien José María Memet, Teresa Calderón, Erick Polhammer, Juan Cameron –quien cuenta una divertida anécdota de trenes junto a Sergio Hernández-, Andrés Morales, Eduardo Llanos, Hernán Rivera Letelier o Elicura Chihuailaf, a quienes le vi saludar con afecto en alguna oportunidad.

Y qué decir del indeleble rastro que deja sobre nuestro grupo, en aquello que él designó asertivamente como “La Poetansia”, y que componíamos Elgar Utreras, Jorge Rosas Godoy, Pablo Troncoso Castro y quien enuncia estos fragmentos. Aunque no éramos los únicos, pues influenció también a jóvenes –y otros no tanto- con intereses en la poesía como Luis Bobadilla, Diana De La Fuente, Rodolfo Hlousek, Andrés Rodríguez Aranís, Ángela Ramos, Daniel Godoy, Héctor Ponce De La Fuente, Patricio Morales, Gustavo Arias, Luis Marcelo Rojas – alias Marcelo Velmar, quien acaba de ganar un concurso de poesía en la Provincia de Buenos Aires-, ya sea ligados al mundo universitario, al taller de poesía “El Glamal” o al Grupo Literario Ñuble.

Es indiscutiblemente el gran poeta que Chillán le ha brindado a nuestra tradición literaria, por sobre Nicanor Parra –quien nace en San Fabián de Alico, y que fue alumno y posterior profesor de matemáticas en el Liceo de Hombres Narciso Tondreau de Chillán, pero que jamás volvió a residir en la ciudad-, o por sobre Gonzalo Rojas –quien nace en Lebu, y que luego de un largo periplo por variadas ciudades y países, se avecinda en Chillán-, y obviamente, aparte de Marta Brunet, quien destacó brillantemente en la narrativa.

Activo participante de la bohemia del Barrio Estación de Chillán, a donde llegaba a dejar pasar la noche despidiendo los trenes y a los viajantes que partían. Incluso en plena dictadura, cuando abordaba trenes hacia San Carlos, Parral o Linares, con el objeto de bajarse e ir a comprar boletos para emprender el tren de vuelta y, de esa manera, burlar el toque de queda, y continuar con su jornada noctámbula.

Es parte de una de las familias fundacionales en materia de arte, cultura y literatura en la ciudad de Chillán –aunque con menos impacto popular y nacional que la familia Parra-, que además componen su hermano Baltazar Hernández, afamado acuarelista, y Ángel Hernández, narrador y poeta.

En su poema “Incómoda manera”, nos dice:

Más allá de lo que vemos siempre
de este ir chocando un poco
unos con otros
por encima del honrado trabajo
o de la simple estafa
al margen de los funcionarios
de bar y cacho
de la mujer
del hombre
o de lo humano
hay un mundo
que no es el paraíso propiamente
y que es mi mundo.


Hernández fue un poeta vital, visceral. Escribió siempre desde la honestidad de su penumbra, ”cuando estoy alegre no escribo. La poesía ha sido para mí una catarsis y una liberación…”. Siempre debió cargar con la desfachatez de quienes le acusaron de haber practicado una obra breve, por estar compuesta de pocos libros, o de quienes le enrostraron en más de alguna ocasión el hecho de que no fuera un poeta “en ejercicio”, es decir, que estuviera escribiendo y publicando regularmente. En una entrevista al diario La Discusión de Chillán, de manera lúcida, contesta: “Se debe a que yo no escribo por llenar el currículum o hacer noticia, como lo hacen otros. Yo ya escribí”. E incluso en la misma nota expresa, “sin entrar en comparaciones”, los ejemplos de Juan Rulfo o de María Luisa Bombal como casos en donde la extensión de la obra no es menoscabo para descubrir su validez, actualidad y profundidad. A todas luces, algo que se debe repensar en el escenario literario y académico de nuestro país.

Aunque pareciera contentarse con un detalle, ya que aprovecha la ocasión para remarcar que: “mis lectores ahora son preferentemente jóvenes”. En “Yo soy como las plantas”, adelanta:

Yo soy como las plantas o los árboles
que nunca han sabido quienes son
y echan flores o espinas
o atrapan insectos
ellos están ahí simplemente
como yo en mi tierra
y no les interesa ser astronautas
ni andar apretujados en los metros
o en los autobuses de las grandes urbes
por las noches
albergan a los pájaros
o contemplan humildes el universo
recibiendo amorosamente el rocío de la madrugada
cuando mueren regresan al vientre materno
para nacer de nuevo
en cualquier forma
es bueno ser planta o árbol
porque de ellos será el reino de los cielos


Se sabe que el buen árbol se reconoce por sus frutos. He aquí que hemos presentado los méritos de este hombre que hizo el recorrido a contracorriente de lo que habitualmente se hace para trazar una obra y una vida imborrables, porque contradiciendo lo que muchos diagnosticaron, lo que le predijo Parra o el mismo Neruda, Sergio Hernández al haberse encunado en la provincia, ha quedado con mayor firmeza en la retina de la poesía chilena como uno de los puntos más interesantes de nuestra tradición. Una paradoja abismal que siempre ofrecerá variadas interpretaciones.

“Brindo por Sergio Hernández
Halagado por Neruda
No cabe ninguna duda
Poeta de letra grande
No soy cantor que no cante
Cuando una pluma descansa
De esas que son como lanzas
Como la de Sergio Hernández”.


(Horacio Hernández, Cantor y poeta).

Cerca ya vienen las nubes trayendo la promesa del agua que renueva los ciclos vitales. Porque si bien es cierto ha concluido su historia, podemos declarar con certeza que ha dado inicio la leyenda.


Hugo Quintana.

Editor de Ortiga Ediciones.

Profesor y Poeta.

jueves, 14 de octubre de 2010

Jornadas de Cultura Chilena. Presentación de las Obras Completas de Fernando González-Urízar

Primeras Jornadas de Cultura Chilena
(Chillán, septiembre-octubre de 2010)

Sábado 9 de octubre de 2010. Presentación de las
Obras completas de Fernando González-Urízar


GONZÁLEZ-URÍZAR VIENE VOLANDO
Jorge Sánchez Villarroel
Universidad del Bío-Bío


Quince años después de haber sido nombrado Hijo Ilustre de Chillán vuelve a sus tierras el poeta Fernando González Urízar, aunque, en estricto rigor, su tierra natal es Bulnes. Y lo hace de la mano de nuestro amigo, desde una primera época universitaria en Concepción, el crítico, editor y poeta Tulio Mendoza Belio.

Aprovecho la oportunidad para saludar a Pacián Martínez, periodista y escritor, con quien nos unen actividades compartidas en el ámbito literario y académico penquista.

Les adelanto que no hablaré ni del poeta Fernando González-Urízar, ni en estricto rigor, sobre el libro de González-Urízar, sino que intentaré esbozar algunas ideas sobre las justificaciones y estrategias que llevan a un poeta a escribir un libro sobre otro poeta, es decir, sobre la JUSTIFICACIÓN, ESTRATEGIA Y COARTADA DE TULIO MENDOZA PARA ESCRIBIR UN LIBRO SOBRE FERNANDO GONZÁLEZ-URÍZAR.

LA JUSTIFICACIÓN

Cuando digo justificación, empleo el término en dos de sus acepciones: (1) como ‘causa, motivo o razón que justifica’ algo, y (b) como ‘conformidad con lo justo’.

Respecto de la primera acepción: González-Urízar le solicita expresamente a Mendoza Belio escribir un trabajo como el que comentamos. En febrero de 1983, el poeta antologado le escribe al poeta antologista:

Créame, querido amigo (…) usted cala hondo en la esencia de mi poesía. Tanto, que casi me atrevería a pedirle que hiciera Ud. un trabajo extenso sobre ella, abarcando la materia de todos mis libros publicados…

Esta solicitud no es casual, ni surge de un entusiasmo inmotivado. Personalmente recuerdo a un Tulio Mendoza “rayado” con González-Urízar, con un Taller Literario con el nombre del poeta, con un marco referencial estético, poético y anímico centrado en el vate de Bulnes, sin que, por cierto, este grupo de creación se transformase en una secta religiosa: la universalidad poética de González-Urízar nunca lo permitió ni lo permitirá.

Lo que podríamos llamar una PASIÓN PERSISTENTE de Tulio Mendoza por la vida y obra de González-Urízar, no podría haber tenido un resultado menor que el que estamos presentando esta tarde. Este pasión probada en el tiempo, nos permite decir, justificadamente señalar que, en este caso, “obras son amores”.

Respecto de la segunda acepción: Tulio Mendoza se apoya en Hugo Montes, quien escribe en 1992:

la obra de González-Urízar, siempre elogiada y galadornada muchas veces, no ha sido objeto de análisis suficientes (…) Hace falta reparar esta situación que / es injusta /

LA ESTRATEGIA

Tulio Mendoza Belio ha escrito pública e ininterrumpidamente sobre González-Urízar durante treinta y uno, de sus cincuenta y tres años de edad; es decir, el 54,38 por ciento de su vida. Se trata de un largo, estratégico y acompasado ejercicio de lectura y escritura, en el cual ha ido descubriendo, una a una, las claves del poeta antologado. Solo una extensa e intensa lectura analítica puede devenir en una obra sólida y estructurada, como lo señala el autor:

... hemos leído, en sus treinta libros y más de ochocientos poemas publicados, una voz señera inconfundible y aparte de la gran poesía de Chile e Hispanoamérica.

Nuestro trabajo –señala Mendoza- incluye una cronología completa (…) la lista completa de sus libros editados y de los premios y distinciones recibidas; una lista completa, por orden alfabético, de todos sus poemas publicados en forma de libro (…); todas las referencias críticas recogidas (…); todos los prólogos completos de sus libros (…); algunos estudios, discursos y comentarios críticos (…); discursos (…); fotografías (…); textos en prosa (…); cartas manuscritas y mecanografiadas (…); correos electrónicos (…). En fin, toda una documentación que contextualizada, da testimonio y perfila la vida y obra de Fernando Gonález-Urízar.
(Tomo I, pp. 12-13).

LA COARTADA

La primera acepción de este término, ya la hemos empleado Uso este término en su definición como adjetivo, ‘coartado’ o ‘coartada’, es decir, como calificación que se atribuía a ‘los esclavos que pactaban su rescate con su dueño’.

¿Acaso no es esto lo que ha hecho Tulio Mendoza con la poesía, la vida, las imágenes, la correspondencia, la bibliografía, las referencias, la crítica de González-Urízar?

En el sentido del término que hemos privilegiado, el mundo escritural del poeta ha sido verdaderamente coartado. Mendoza Belio pactó en vida con González-Urízar el rescate de su escritura con los claros y explícitos objetivos de:

describir, valorar, reunir, difundir y actualizar la vida y obra de un gran poeta… (Tomo I, p. 12).

Este “ensayo poético”, tal como la ha definido el autor, está dividido en cinco capítulos dando lugar a una “antología temática”. En este nuevo recorrido de la obra de González-Urízar, se selecciona, en cada capítulo, un poema representativo, el cual analizado e interpretado, ofrece claves para la lectura de los demás textos del capítulo, los que no aparecen necesariamente por orden cronológico.

Bienvenido, una vez más, poeta Tulio Mndoza Belio, iluminante del poeta Fernando González-Urízar.